Cualquier dato en apariencia irrelevante, el mínimo detalle oculto en el escenario de un crimen, puede convertirse en una prueba sustancial para resolver un crimen. Al menos es así para este grupo de investigadores judiciales de la ciudad de Las Vegas, encargados de resolver casos en los que la policía fracasó. El espectador de CSI ya no espera nada. La serie es solvente, los casos a veces están bien y otras veces no, pero cumplen la función de hacernos pasar una hora divertida. Eso ya es mucho y nadie les pide más.
Es inusual que un producto tan veterano y con espectadores fieles y cautivos sorprenda otra vez, pero CSI lo hace. A fuerza de guión y maestría. Una joya.