La historia transcurre en un pueblo pequeño donde nunca ha pasado mucho, hasta que muere, asesinada, una chica joven y hermosa llamada Laura Palmer. Ese nombre quedará en la memoria colectiva del universo. Concurre al pueblo un agente del FBI (el agente Cooper, mentón prominente) quién será el encargado de descubrir al asesino. El espectador sabrá siempre lo mismo que Cooper, se meterá donde él se meta y descubrirá los hilos de la madeja al mismo tiempo.
La genialidad de Twin Peaks radica en la dosificación de la información que vamos recibiendo, en el surrealismo que más tarde sería típico del cine de Lynch, y en un clima de opresión serena, de tensa calma, que no se había visto nunca en la tele. Es, la mires por donde quieras, una historia maravillosa, sutil y arrolladora.